Viajando hacia el Apocalipsis
Pasaron Meses, sin que en mi cabeza se proyectara un sueño. Pero ayer, fue diferente. Volví a soñar y en mis sueños encontré mis nuevos dormires. Y pienso plasmarlos ante todo. No cambiaré los nombres, no me interesa proteger a los soñados.
Un día como Hoy. Estaba en casa. Recuerdo tomar la cámara digital... Había una estación de tren a media cuadra de mi casa. Saqué de un cajón $2000 pesos, recordando que no podía gastarlos pues eran para pagar mi Universidad. Recuerdo que me encantaba la idea de ir a Europa. Decidí ir por tres días y visitar Francia y España. Tomar fotografías, que vería después, y luego regresar.
Tomé el tren hacia Europa y llegué bastante rápido. La gente de esta estación Europea me miraban y yo los veía. Estaba construida en piedra, como cantera. Comencé a tomar fotografías a las caras de la gente. Luego a los árboles. Era un día precioso, nublado, lleno de viento, justo como recordaba que era Francia. Recorrí calles, entré en edificios y mi cámara me acompañó durante todo el tiempo.
Después de estar en Francia un rato, me dirigí a España, donde vivía una maestra y visité sus departamentos, donde me cambié de ropa. Estando ahí me invitó a regresar a Francia para cnocer un nuevo centro comercial.
Había tiendas desconocidas en este lugar, era amplio y mucha gente transitaba por ahí. Llegó de pronto una idea trágica. Era el fin del mundo y Europa era la tierra del pecado. Comencé a temer por mi vida y atravesé una puerta. Del otro lado había un panteón, muy moderno, pues estaba dentro de esta plaza. Entonces mi ángel de la guarda llegó y me abrazó protegiéndome y me dijo que me pusiera a rezar. La gente del centro comercial comenzó a prenderse en llamas y todos querían atacarme. Yo rezaba lo poco que recordaba y el ángel era mi escudo. Me dijo que era el apocalipsis y que debía estar preparado. Me atacaron moscas voladores, hombres vestidos en trajes de lumbre, lobos y bestias en un ambiente oscuro, la gente disparaba y yo intentaba huir... Tomé las últimas fotos del centro comercial.
Asustado, regresé a España, a los departamentos de mi maestra. Por alguna razón, no quería que me viera, por lo que me cambié de ropa varias veces. Estaba un poco agitado, después del ataque, por lo que me dieron ganas de regresar a México.
Al llegar a la ciudad de Guadalajara, me encontré a mis padres, quienes no sabían que me había ido a Europa, pero se los conté todo y me pidieron que les enseñara las fotografías y así lo hice.
Entonces quise ir al Café donde solía trabajar, para visitar a mis amigos. Cuando llegué, la estructura del café había cambiado por completo. Era un restaurant con tres pisos con unos domos muy grandes de donde caía la luz del día. Todo era blanco y mucha vegetación caía del techo. Abajo estaba la barra y el cocinero preparaba ensaladas. Ahí estaba mis amigos. Saludé a Karla y luego a Javier. Pero estaba buscando al Cáncer y no lo encontraba. Me dijeron que estaba en el segundo piso y ahí estaba tomando la orden.
Subí las escaleras, que eran de plástico y llegué muy emocionado a platicarle de mi viaje a Europa. Él solo me miró y me dijo: -"No me gusta Europa mucho." Se dio la vuelta y se fue. Me sentí ofendido y salí del lugar después de despedirme de todos.
Caminé hacia la esquina y había un restaurant de comida china donde también tenían servicio de cafetería. Ahí trabajaba Lulú. Ella también estaba tomando una orden cuando la vi. Al verme corrió emocionada a saludarme y me pidió que tomara alguna mesa.
El restaurant era un lugar apretado, las paredes eran cafés, como de madera y había una alfombra roja por todo el lugar. Entré en un cuarto y me senté en una mesa en donde había una galleta de la suerte envuelta en un paquete. No la abrí y Lulú llegó a tomarme la orden. No recuerdo haberle pedido nada. Detrás de ella, estaba el Cáncer llegando a trabajar a ese lugar. Me levanté a preguntarle si también trabajaba ahí. Me dijo que trabajaba ahí de ocho de la noche a ocho de la mañana. Dentro de mí, me pareció rídiculo, sabiendo que estudiaba por las mañanas.
Me fui del lugar y caminé hasta llegar a Plaza Galerías, donde estaba mi hermano con los miembros de su banda. Caminé por la plaza y entré a un restaurant de comida rápida. Era un lugar amplio desde donde podía ver el primer piso. De pronto ahí estaba George Lucas, el director de Star Wars. Entonces, tomé la primer hoja que me encontre (que era de anuncios clasificados) y una pluma y bajé para pedirle su autógrafo.
Estaba acomañado también por Steven Spielberg. Al llegar le comené que apreciaba mucho su trabajo y que me habían gustado mucho sus películas. Vi que se puso feliz. Yo no quería hostigarlo ni que se enfadara por haber llegado, pero tras de mi llegaban personas por la misma razón que yo. Al final, me dijo sonriendo, "que la fuerza este contigo" y lanzó una bomba de humo, como para desaparecer. Y soltó una carcajada. Yo reí también y así todo s terminamos riendo. A lo que George Lucas repitió: "Que la Fuerza esté contigo" y lanzó otra bomba de humo y todos volvimos a reir. Firmó mi hoja y me retiré agradeciéndole.
Subí de nuevo los escalones para platicarle a todo el mundo lo que me había pasado. Y cuando llegué mi made me hizo sentarme en una mesa junto con la banda de mi hermano. EN el restaurante estaban todos mis compañeros de la prepa. Ninguno me creía que la firma que tenía en la hoja era de George Lucas.
Me sirvieron una sopa caliente, color naranja de hielos. Los hielos eran letras que formaban alguna palabra que no recuerdo. Sólo sé que cuando la leí, noté que faltaba la letra "i". Le dije a mi madre, quien en ese momento llegaba con hielos en forma de "i".
Esa tarde caminé por la calle y me contré afuera de un estacionamiento donde había muchos carros, que eran de un mismo dueño, los estaba limpiando. Entonces se me ocurri´ir al cine. Era Miércoles, por lo que podía usar unos boletos viejos para entrar gratis.
De pronto entré en una serie televisiva desconocida para mí y la protagonista era una chica güera con el pelo muy recortado. Sabía que todo el mundo me estaba viendo.
Reresé a la realidad. Estabamos en un poste. Todos fuimos al cine. Aunque no recuerdo haber llegado nunca... Y poco a poco, el sueño se extinguió... Pero todo el tiempo, me sentí en armonía con el sueño y el día nunca dejó de ser nublado y lleno de viento. Justo como me encantan los días.
---------- Cuando desperté del sueño, me quedé con la imagen de mi angel de la guarda, la remodelación del café y cómo lucían los días. Me gustó haber viajado a Europa. Este sueño me hizo muy feliz, despertando así, de muy buen humor en la mañana... Y deseando que las fotos de Europa estuvieran archivadas en mi cámara digital.
Un día como Hoy. Estaba en casa. Recuerdo tomar la cámara digital... Había una estación de tren a media cuadra de mi casa. Saqué de un cajón $2000 pesos, recordando que no podía gastarlos pues eran para pagar mi Universidad. Recuerdo que me encantaba la idea de ir a Europa. Decidí ir por tres días y visitar Francia y España. Tomar fotografías, que vería después, y luego regresar.
Tomé el tren hacia Europa y llegué bastante rápido. La gente de esta estación Europea me miraban y yo los veía. Estaba construida en piedra, como cantera. Comencé a tomar fotografías a las caras de la gente. Luego a los árboles. Era un día precioso, nublado, lleno de viento, justo como recordaba que era Francia. Recorrí calles, entré en edificios y mi cámara me acompañó durante todo el tiempo.
Después de estar en Francia un rato, me dirigí a España, donde vivía una maestra y visité sus departamentos, donde me cambié de ropa. Estando ahí me invitó a regresar a Francia para cnocer un nuevo centro comercial.
Había tiendas desconocidas en este lugar, era amplio y mucha gente transitaba por ahí. Llegó de pronto una idea trágica. Era el fin del mundo y Europa era la tierra del pecado. Comencé a temer por mi vida y atravesé una puerta. Del otro lado había un panteón, muy moderno, pues estaba dentro de esta plaza. Entonces mi ángel de la guarda llegó y me abrazó protegiéndome y me dijo que me pusiera a rezar. La gente del centro comercial comenzó a prenderse en llamas y todos querían atacarme. Yo rezaba lo poco que recordaba y el ángel era mi escudo. Me dijo que era el apocalipsis y que debía estar preparado. Me atacaron moscas voladores, hombres vestidos en trajes de lumbre, lobos y bestias en un ambiente oscuro, la gente disparaba y yo intentaba huir... Tomé las últimas fotos del centro comercial.
Asustado, regresé a España, a los departamentos de mi maestra. Por alguna razón, no quería que me viera, por lo que me cambié de ropa varias veces. Estaba un poco agitado, después del ataque, por lo que me dieron ganas de regresar a México.
Al llegar a la ciudad de Guadalajara, me encontré a mis padres, quienes no sabían que me había ido a Europa, pero se los conté todo y me pidieron que les enseñara las fotografías y así lo hice.
Entonces quise ir al Café donde solía trabajar, para visitar a mis amigos. Cuando llegué, la estructura del café había cambiado por completo. Era un restaurant con tres pisos con unos domos muy grandes de donde caía la luz del día. Todo era blanco y mucha vegetación caía del techo. Abajo estaba la barra y el cocinero preparaba ensaladas. Ahí estaba mis amigos. Saludé a Karla y luego a Javier. Pero estaba buscando al Cáncer y no lo encontraba. Me dijeron que estaba en el segundo piso y ahí estaba tomando la orden.
Subí las escaleras, que eran de plástico y llegué muy emocionado a platicarle de mi viaje a Europa. Él solo me miró y me dijo: -"No me gusta Europa mucho." Se dio la vuelta y se fue. Me sentí ofendido y salí del lugar después de despedirme de todos.
Caminé hacia la esquina y había un restaurant de comida china donde también tenían servicio de cafetería. Ahí trabajaba Lulú. Ella también estaba tomando una orden cuando la vi. Al verme corrió emocionada a saludarme y me pidió que tomara alguna mesa.
El restaurant era un lugar apretado, las paredes eran cafés, como de madera y había una alfombra roja por todo el lugar. Entré en un cuarto y me senté en una mesa en donde había una galleta de la suerte envuelta en un paquete. No la abrí y Lulú llegó a tomarme la orden. No recuerdo haberle pedido nada. Detrás de ella, estaba el Cáncer llegando a trabajar a ese lugar. Me levanté a preguntarle si también trabajaba ahí. Me dijo que trabajaba ahí de ocho de la noche a ocho de la mañana. Dentro de mí, me pareció rídiculo, sabiendo que estudiaba por las mañanas.
Me fui del lugar y caminé hasta llegar a Plaza Galerías, donde estaba mi hermano con los miembros de su banda. Caminé por la plaza y entré a un restaurant de comida rápida. Era un lugar amplio desde donde podía ver el primer piso. De pronto ahí estaba George Lucas, el director de Star Wars. Entonces, tomé la primer hoja que me encontre (que era de anuncios clasificados) y una pluma y bajé para pedirle su autógrafo.
Estaba acomañado también por Steven Spielberg. Al llegar le comené que apreciaba mucho su trabajo y que me habían gustado mucho sus películas. Vi que se puso feliz. Yo no quería hostigarlo ni que se enfadara por haber llegado, pero tras de mi llegaban personas por la misma razón que yo. Al final, me dijo sonriendo, "que la fuerza este contigo" y lanzó una bomba de humo, como para desaparecer. Y soltó una carcajada. Yo reí también y así todo s terminamos riendo. A lo que George Lucas repitió: "Que la Fuerza esté contigo" y lanzó otra bomba de humo y todos volvimos a reir. Firmó mi hoja y me retiré agradeciéndole.
Subí de nuevo los escalones para platicarle a todo el mundo lo que me había pasado. Y cuando llegué mi made me hizo sentarme en una mesa junto con la banda de mi hermano. EN el restaurante estaban todos mis compañeros de la prepa. Ninguno me creía que la firma que tenía en la hoja era de George Lucas.
Me sirvieron una sopa caliente, color naranja de hielos. Los hielos eran letras que formaban alguna palabra que no recuerdo. Sólo sé que cuando la leí, noté que faltaba la letra "i". Le dije a mi madre, quien en ese momento llegaba con hielos en forma de "i".
Esa tarde caminé por la calle y me contré afuera de un estacionamiento donde había muchos carros, que eran de un mismo dueño, los estaba limpiando. Entonces se me ocurri´ir al cine. Era Miércoles, por lo que podía usar unos boletos viejos para entrar gratis.
De pronto entré en una serie televisiva desconocida para mí y la protagonista era una chica güera con el pelo muy recortado. Sabía que todo el mundo me estaba viendo.
Reresé a la realidad. Estabamos en un poste. Todos fuimos al cine. Aunque no recuerdo haber llegado nunca... Y poco a poco, el sueño se extinguió... Pero todo el tiempo, me sentí en armonía con el sueño y el día nunca dejó de ser nublado y lleno de viento. Justo como me encantan los días.
---------- Cuando desperté del sueño, me quedé con la imagen de mi angel de la guarda, la remodelación del café y cómo lucían los días. Me gustó haber viajado a Europa. Este sueño me hizo muy feliz, despertando así, de muy buen humor en la mañana... Y deseando que las fotos de Europa estuvieran archivadas en mi cámara digital.